Corresponsabilidad parental y coparentalidad: los principios que nos sostienen

En una causa de familia, no ganan los niños o sus padres, los únicos que ganan son los abogados, que desarrollan actividades profesionales lucrativas para representar a los intervinientes que carecen de herramientas y libertad para representarse a sí mismo en un Tribunal. Todos los ciudadanos contribuimos con nuestros impuestos a mantener al Poder Judicial, pero se trata de un sistema compuesto por personas tales como los usuarios que recurren a ellos, que se dedican a hacer un trabajo y cumplir rendimientos y exigencias. Los tribunales de Familia están compuestos por personas que igualmente sufren conflictivas familiares y están sujetos a cometer fallas humanas en su trabajo, el problema es la consecuencia de las fallas humanas de quienes emiten las resoluciones judiciales. Pero poner el foco en culpabilizar a un Juez de Familia, nos resta lucidez para abordar la verdadera y profunda problemática que es cómo hacer para que después de la decisión de una pareja de terminar su relación, los hijos e hijas no sufran las perniciosas consecuencias de un conflicto de divorcio de alta conflictividad.

Luego de un divorcio pueden dividirse una casa, un vehículo y un patrimonio, pero nunca podrá dividirse un hijo o hija. En Chile, la legislación de familia avanzó con la incorporación del concepto de “cuidado compartido” que se alcana bajo acuerdo de los padres, pero todavía hay mucho por hacer para asegurar los derechos de los niños a la “coparentalidad” y los derechos y deberes de padres y madres a la “corresponsabilidad”. Pues cuando no hay posibilidades de acuerdos entre los padres, los jueces de familia no tienen facultades para ordenar un régimen de cuidado compartido que garantice esta corresponsabilidad y coparentalidad. En entonces, donde padres y madres vengativos utilizan a sus hijos como arma de negociación y venganza en verdaderas guerras de trincheras. Aparentemente, no hay herramientas legales para proteger a los niños y sacarlos del campo de batalla, pues son los mismos padre y madre quienes en su guerra dañan a los hijos.

El padre o madre que obtenga el cuidado personal de los hijos, tendrá el poder de dominar el espacio de crianza de sus hijos, y el padre o madre que obtiene la relación directa y regular, no tiene más opción que observar pasivamente y aceptar. Es aquí donde los deberes y derechos de corresponsabilidad consagrados en la Ley, se hacen impracticables cuando existe la alta conflictiva parental de base. Se verifica entonces la conocida dinámica del cuidador que manipula el vínculo de sus hijos con el otro progenitor, para cobrar venganza personal. Y el progenitor que tiene a cargo la relación directa y regular no tiene posibilidades de ejercer su derecho – deber de corresponsabilidad mientras el titular del cuidado personal no se lo permita. Paralelamente, los hijos quedan sin poder ser protegidos en esa dinámica y son poder recibir los beneficios de la coparentalidad y recibir el amor y cuidados de su madre y su padre.

La idea de organizarnos surge de la necesidad de proteger a nuestros hijos e hijas del maltrato emocional que sufren cuando están en medio de situaciones de alta conflictiva entre sus padres como es la separación o el divorcio.

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